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martes, 17 de enero de 2012

Jane Eyre...y algo mas....

Me gusta leer, y mucho, y Jane Eyre me está sorprendiendo, una historia bastante triste, pero atractiva, tanto que a veces me "cuesta" dejar de leer.
En el capítulo X he leido una frase que me gusta mucho: "...Durante aquellos ocho años de mi vida fue monótona, pero no infeliz, porque nunca estuve ociosa." En una nota publicada en la revista "El país", del 15-01-12, titulada "¿Heredamos la felicidad?", el investigador David Lykken de la Universidad de Minnesota, solía visitar la ferretería de su localidad, donde observaba cómo los "los maestros en fontanería hacían chistes a la vez que resolvían los problemas de sus clientes al otra lado del mostrador. Y la cajera era igual de eficiente que ellos, por lo que creo firmemente que los niveles medios de amor propio, saber hacer y alegría de vivir en esta ferretería son más altos que en muchas oficinas de Wall Street". O sea, Charlotte Brontë y David Lykken, en distintas épocas tienen una coincidencia: la felicidad está ligada a la actividad desarrollada con amor.
Para la tertulia del 24-01-12, leeremos hasta el capítulo XIX inclusive.


Nuestra amiga Raquel nos invita a leer el siguiente link:
http://emancipadosdementes.blogspot.com/2011/11/lectura-obligada-george-carlin.html

y para que esto no sea tan serio, les copio un escrito que nuestra amiga Carmen comparte con nosotros:
Mujeres inteligentes, que las hay a billones, contestando a un “ENTENDIDO Y EMINENTE JUEZ”.

El juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo dictó una sentencia en la que afirma que llamar "zorra" a una mujer no es delito ni falta ni nada, porque quien usa ese adjetivo en realidad quiere decir que dicha mujer es astuta y sagaz.

He aquí el escrito que le ha remitido una ciudadana, sin desperdicio:





Carta urgente al impagable juez Del Olmo

"Estimado juez Del Olmo: Espero que al recibo de la presente esté usted bien
de salud y con las neuronas en perfecto estado de alerta como es habitual en
Su Señoría...

... El motivo de esta misiva no es otro que el de solicitarle amparo
judicial ante una injusticia cometida en la persona de mi tía abuela
Felicitas y que me tiene un tanto preocupada. Paso a exponerle los hechos:

Esta mañana mi tía abuela Felicitas y servidora nos hemos cruzado en el
garaje con un sujeto bastante cafre que goza de una merecida impopularidad
entre la comunidad de vecinos. Animada por la última sentencia de su
cosecha, que le ha hecho comprender la utilidad de la palabra como vehículo
para limar asperezas, y echando mano a la riqueza semántica de la lengua
castellana, mi querida tía abuela, mujer locuaz donde las haya, le ha
saludado con un jovial "que te den, cabrito".

Como una hidra, oiga. De poco me ha servido explicarle que la buena de la
tía abuela lo decía en el sentido de alabar sus grandes dotes como trepador
de riscos, y que en estas épocas de recortes a espuertas, desear a alguien
que le den algo es la expresión de un deseo de buena voluntad. El sujeto,
entre espumarajos, nos ha soltado unos cuantos vocablos, que no sé si eran
insultos o piropos porque no ha especificado a cuál de sus múltiples
acepciones se refería, y ha enfilado hacia la comisaría más cercana haciendo
oídos sordos a mis razonamientos, que no son otros que los suyos de usted, y
a los de la tía abuela, que le despedía señalando hacia arriba con el dedo
corazón de su mano derecha con la evidente intención de saber hacia dónde
soplaba el viento.

Como tengo la esperanza de que la denuncia que sin duda está intentando
colocar esa hiena -en el sentido de que es un hombre de sonrisa fácil-
llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por favor, que intente mediar
en este asunto explicándole al asno -expresado con la intención de destacar
que es hombre tozudo, a la par que trabajador- de mi vecino lo de que las
palabras no siempre significan lo que significan, y le muestre de primera
mano esa magnífica sentencia suya en la que determina que llamar zorra a una
mujer es asumible siempre y cuando se diga en su acepción de mujer astuta.

Sé que es usted un porcino -dicho con el ánimo de remarcar que todo en su
señoría son recursos aprovechables- y que como tal, pondrá todo lo que esté
de su mano para que mi vecino y otros carroñeros como él -dicho en el
sentido de que son personas que se comen los filetes una vez muerta la vaca
- entren por el aro y comprendan que basta un poco de buena voluntad, como
la de mi tía abuela Felicitas, para transformar las agrias discusiones a
gritos en educados intercambios de descripciones, tal y como determina usted
en su sentencia, convirtiendo así el mundo en un lugar mucho más agradable.

Sin más, y agradeciéndole de antemano su atención, se despide atentamente,
una víbora (evidentemente, en el sentido de ponerme a sus pies y a los de su
señora)."

3 comentarios:

  1. Horacio la publicación de la carta ha sido una idea estupenda, así se contribuye a su difusión por el ciberespacio.
    Parece mentira que con la repercusión mediática que hoy en día se tiene con el trato vejatoria hacia las mujeres, un juez, precisamente un juez de la Audiencia Nacional pueda emitir esta sentencia, pero ¿en qué país vivimos?, como podemos tener jueces de esta categoría , por no decir calaña, que con su ejemplo abren la mano para continuar con el mismo rol que arrastramos desde siglos. Señor del Olmo, que se lo llamen a su esposa (si la tiene) o a su hija (si la tiene), que lo dudo y si es así, ya me imagino el trato que reciben.
    ¡Dios le guarde muchos años!, pero lejos de cualquier mujer vilipendiada.

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  2. Buenas tardes.
    Nos gustaría ofrecerles un espacio donde poder reunirse para intercambiar sentires y opiniones sobre los libros que van leyendo en este Club de Lectura.
    Si están interesados en recibir la información, por favor remítanos un e-mail a "salas@produccionesuriel.com".
    Muchas gracias, y enhorabuena por esta iniciativa.

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